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martes, 15 de noviembre de 2016

Sostenibilidad

Cuento inventado veintisiete

En un oasis, en pleno desierto, se encontraba el viejo Mohammed reclinado sobre el suelo y labrando la tierra con las manos. La escena estaba siendo contemplada por un tuareg que se había detenido con su caravana para dar de beber a sus camellos.

- “¿Qué haces, anciano, trabajando con tanto esmero a pleno sol?”, le dijo el tuareg.

- “Siembro palmeras con estos dátiles que llevo en el zurrón”, respondió el viejo.

- “¡Qué barbaridad!” Dijo el tuareg. “¿Sabes cuántos años tardan en crecer las palmeras? ¡Por lo menos medio siglo!”, añadió.

- “¿Qué quieres decir con eso?”, preguntó el anciano Mohammed.

- “Pues que es una estupidez que trabajes tanto para unas palmeras que no verás crecer. ¿O te crees que vivirás para siempre?”, dijo el hombre más joven.

- “Desde luego no voy a vivir para siempre”, zanjó el anciano. “Pero sólo sé que toda mi vida he comido los dátiles que otros plantaron antes de que yo naciera y me gustaría dejar sembrada hoy la comida de los que me sucederán mañana. Déjame terminar mi trabajo, y tus nietos seguro que lo agradecerán”.

martes, 1 de noviembre de 2016

Carrozas vacías



Cuento inventado veintisiete


El padre se llevó a su hijo pequeño de paseo por el campo. Eran tiempos antiguos. No había coches, ni bocinas ni ruidos molestos y las personas se movían con carrozas de caballos.

El padre le preguntó al pequeño: “Dime, Mateo, ¿qué oyes?”

El niño le respondió: “los pájaros, papá”.

- “Y además de los pájaros, ¿qué más oyes?”, inquirió el padre.

El niño cerró los ojos y buscó otro sonido.

- “Oigo una carroza, que viene por el camino”, dijo el niño.
- “Exacto. Una carroza vacía”, contestó el padre.

- “¿Y cómo sabes que está vacía? La oigo, pero a lo lejos. Todavía no la he visto”, preguntó niño.

Y entonces el padre le respondió algo que el joven Mateo recordaría para toda la vida:
“Cuanto más vacía va la carroza, más ruido hace”.

Hoy día Mateo es un anciano. Y sabe que cada vez que se encuentra alguien hablando más de la cuenta, interrumpiendo a los demás o hablando de forma vehemente, su padre está ahí para recordarle: “cuanto más vacía la carroza, más ruido hace…”

martes, 11 de octubre de 2016

Afilar el hacha


Cuento inventado veintiseis



En un país muy lejano y un tiempo muy antiguo, un joven fue a buscar trabajo a un campamento de leñadores. El joven, fuerte y de buen temperamento, consiguió un empleo ese mismo día. Le dieron un hacha y le enviaron a un bosque cercano a cortar árboles.

El primer día, cortó muchos.

El segundo, cortó la mitad.

El tercer día, preocupado, se empleó el doble. Pero sólo derribó una cuarta parte de los árboles del primer día.

El cuarto, agotado, no cortó ninguno.

Al amanecer del quinto día el capataz apareció por el bosque y le preguntó al joven sobre su rendimiento decreciente. “¿Cuánto hace que no afilas el hacha?”, le dijo.

“La verdad es que no he tenido tiempo… He estado demasiado ocupado cortando árboles”, respondió el inexperto leñador.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Respeta y te respetarán


Cuento inventado veinticinco

Un hombre occidental acudió al cementerio a visitar la tumba de un familiar querido. Depositó ante el féretro un hermoso ramo de flores.

A su lado una mujer, de una raza y religión distintas, colocaba un tarro de miel ante la lápida de un difunto.

El hombre, con sorna, hizo el comentario siguiente:

--“¡Qué costumbre tan rara! No sabía que los muertos pudieran levantarse para saborear la miel.”

A lo que la mujer le respondió:

--“Tampoco yo he oído jamás que un muerto se levante para oler flores.”

El aprendizaje que se llevó el hombre occidental es que hay que respetar las creencias y que, en vez de juzgar primero y escuchar después, hay que escuchar primero y valorar después.

lunes, 12 de septiembre de 2016

¿Dónde están sus muebles?

Cuento inventado veinticuatro

El joven tenía muchas inquietudes. Había ahorrado, había pedido un año sabático de su trabajo y con su tiempo y su dinero había emprendido un largo viaje buscando a un sabio muy sabio para preguntarle cosas muy importantes.

Tras muchas semanas de vuelos, travesías y peligros, al fin el joven encontró al sabio en una cueva, en medio de un desierto en el otro confín del mundo.

El sabio vivía austeramente, como un ermitaño.

--“¿De verdad usted vive aquí?”, le preguntó el joven

-- “De verdad que sí”, respondió el sabio.

-- “¿Y dónde están sus muebles, y su cocina, y su biblioteca?”, preguntó el joven.

--“¿Y dónde están los suyos?”, respondió el sabio.

--“¡No los llevo encima! Yo solamente estoy de paso”, respondió el joven

--“Entonces, igual que yo”, dijo el sabio.

Y así comenzó una larga amistad.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Control social


Cuento inventado veintitrés


El experimento fue famoso, aunque al cabo de unos años nadie se acordaba de él.

La cosa fue así: unos científicos encerraron a cinco chimpancés en una jaula para observar su comportamiento. Cada mañana, a través de una trampilla en la parte superior de la jaula, descolgaban una cesta llena de frutas y esperaban la reacción de los animales.

Cuando uno de los simios subía a por la fruta, los científicos activaban un chorro de agua helada que empapaba a los cuatro que se quedaban rezagados.

Así fue día tras día.

Llegó un momento en que cuando un chimpancé iba a subir, los otros cuatro le daban una paliza y le quitaban las ganas de hacerlo.

Al fin, ninguno de los cinco simios tuvo interés en subir a por la fruta, por muy apetitosa que pareciera.

Los científicos retiraron a uno de los chimpancés y lo substituyeron por otro nuevo, que no conocía el experimento. Aquel mismo día, el nuevo vio el cesto con fruta y se lanzó a por él. Los otros cuatro le atacaron con violencia y se lo impidieron.

A la semana siguiente, los científicos cambiaron a otro de los simios y pasó exactamente lo mismo: los cuatro chimpancés le dieron una paliza y evitaron que subiera. Como detalle: el animal que había entrado la semana anterior a la jaula fue uno de los que más fuerte golpearon al nuevo.

Semana tras semana, los científicos fueron cambiando el grupo de cinco chimpancés originales por cinco nuevos. Ninguno de ellos había sido bañado por la manguera de agua helada, pero cualquiera de ellos sabía perfectamente que si trataba de subir a por el cesto de fruta recibiría una paliza de los demás.

Tratando de investigar sobre el comportamiento de los humanos, los científicos escribieron tres moralejas:
  • Los simios, como los humanos, son animales de costumbres. Llega un momento en que dejan de plantearse los porqués y que actúan porque las cosas "siempre se han hecho así", aunque sean nuevos en el lugar.
  • Si subir a por la fruta representara el éxito y recibir el baño de agua fría fuera la mediocridad, la moraleja es que los mediocres tienden a castigar a los audaces, ya sea a través de la violencia física, la envidia o la crítica.
  • En cualquier sistema social podrá haber quien quiera destacar y quien no lo quiera, pero lo que es seguro es que nunca faltará alguien poniendo cestos con fruta, disparando chorros de agua helada y sentándose a observar, divirtiéndose, mientras los demás discuten lo que está bien y lo que está mal.

martes, 30 de agosto de 2016

La forma de contar las cosas


Cuento inventado veintidós


El emperador se levantó de mal humor. Había tenido un sueño tan extraño como incómodo y pronto mandó llamar a su oráculo de cabecera.

--“En mi sueño se me caían siete dientes de la boca”, le dijo el gobernante al sabio.

--“Esto significa el presagio de muy malas noticias, mi señor”, respondió éste. “Concretamente quiere decir que van a morir tantos parientes vuestros como dientes soñasteis que se os caerían”.

El emperador se puso de muy mal humor al oír aquello.

De hecho, se enfadó tanto que mandó llamar a su guardia para que se llevaran preso al oráculo, le dieran siete latigazos y lo encerraran en la mazmorra por siete semanas.

Y a continuación, mandó llamar a otro sabio.

El segundo oráculo había conocido la reacción irada del emperador y decidió ir con mayor precaución.

--“Mi señor, vuestro presagio significa una gran noticia”, le dijo al gobernante. “Concretamente quiere decir que sobreviviréis a todos vuestros parientes y que vuestra vida será larga y próspera para el imperio que habéis construido”, completó.

--“¡Eso me gusta mucho!”, exclamó el emperador. Y a continuación mandó que le dieran al sabio un pequeño cofre con siete piedras preciosas como recompensa.

Al salir del aposento imperial, el segundo sabio le confesó a su discípulo que en el fondo ambos oráculos habían hecho la misma interpretación del sueño premonitorio del emperador: sus siete parientes iban a morir. Sin embargo, el modo de explicárselo de uno y de otro había cambiado radicalmente.

--“Decírselo de una forma o de otra puede hacerle feliz o desdichado. Toma nota de esto, discípulo, pues tendrás que aprender a aliviar males, cuando no a salvar la propia vida. Decir la verdad es como tener un diamante en la mano. Lo puedes dar suavemente y hacer feliz a alguien, o tirárselo a la cabeza y herirle”.

jueves, 25 de agosto de 2016

Naturaleza de escorpión, naturaleza de rosa


Cuento inventado veintiuno

Se dice que en cierta ocasión una mujer con muy buenas intenciones se encontraba paseando por un campo, tras un rato de lluvia. El suelo estaba algo embarrado y el camino era a veces complicado, pero la paseante disfrutaba de un agradable olor a tierra mojada.

En cierto momento se detuvo a contemplar cómo un escorpión trataba de cruzar un charco. El animal no conseguía avanzar y parecía que iba a ahogarse. Así pues, se decidió a cogerlo y a sacarlo del agua. Fue entonces cuando el escorpión la picó con fuerza. Por pura reacción al dolor, la mujer lo soltó y el animal volvió a caer en el charco, quedando nuevamente en peligro de ahogarse.

Un hombre que había contemplado la escena se acercó al paseante y con cierta arrogancia le dijo: “Es un escorpión. ¿No lo ve? Cada vez que trate de sacarlo del agua le va a picar. Está en su naturaleza”.
La mujer le respondió: “La naturaleza del escorpión es picar. Pero la mía es ayudar. Así que voy a insistir”. Entonces tomó una de las muchas hojas de árbol que había en el suelo y se valió de ella para empujar al animalito hasta dejarle fuera del charco y a salvo.

La moraleja del cuento es que no debes cambiar tu naturaleza, aunque alguien te haga daño. Si una rosa cambia su esencia, deja de ser una rosa. Y muchas personas quedarán sin poder disfrutar de su aroma. 

miércoles, 24 de agosto de 2016

El santo que oraba por los malvados

Cuento inventado veinte


Érase una vez un hombre sabio y bien intencionado, que era tenido por santo por sus congéneres, venerado y escuchado a la par. El hombre oraba y daba gracias en cualquier ocasión. Parecía cercano a Dios y que éste, tras las plegarias, le respondiera con todo tipo de bendiciones.

Cierto día, un extranjero que transitaba por el camino principal de la ciudad se paró a descansar y a escuchar las plegarias del sabio. Éste decía: “Oh, buen Dios, perdona a los que hacen daño, a quienes roban, a quienes calumnian, a quienes odian, a quienes torturan y hacen mal a la gente de bien”.

El extranjero no supo contenerse y le preguntó al sabio: “Disculpe, buen hombre, pero no es nada habitual que alguien rece así por los enemigos. ¿Está seguro de que alguien le escuchará en el cielo?

El sabio, que era hombre viejo, le respondió: “Quizás no lo entienda usted. Pero le debo muchísimo a ese tipo de personas tan malas. Me han humillado, vilipendiado, torturado y golpeado. Me han escupido y se han reído de mí en público y en privado. Cada vez que me he interesado por la riqueza material o por cualquier posesión, me las han robado sin piedad. Me han causado tanto daño que me han hecho odiar el mal y desear abrazar el bien sobre todas las cosas. Todos esos menosprecios son la razón del por qué me he convertido en sirviente de todos”

Cuento sufí de Al-Din Rumi.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Lápiz y personas

Cuento inventado diecinueve


Un niño observaba a su abuelo mientras éste escribía una carta, con un lápiz.

El niño pregunta al abuelo cuál es el contenido de la carta y el destinatario.

El abuelo responde: "escribo sobre tí. Pero lo importante no es lo que digo, sino el lápiz con el que escribo. ¿Quieres saber por qué?".

El niño se fija en el lápiz, sin hallar nada en particular y dice: "claro, abuelo, pero el lápiz no tiene nada de extraordinario... ¿por qué me dices que es importante?"

El abuelo responde: "hijito, un lápiz es muy importante. Y lo es por cinco motivos":

"En primer lugar, porque, al igual que el lápiz, tú podrás hacer grandes cosas en la vida, pero lo importante no serás tú, sino la mano o el sentimiento que te guíe. Tú siempre tendrás que guiarte por Dios, o por el amor a los demás".

"En segundo, porque, de tanto en tanto, tendrás que sacarle punta al lápiz. Yo sé que la madera del lápìz sufre cuando la afilo, pero es necesario para que pueda escribir bien. Igualmente, las personas debemos depurarnos y corregirnos, a veces con algo de dolor, para ser mejores."

"En tercero porque las personas, como los lápices, necesitamos una goma de borrar para la mayoría de errores que cometemos. Pedir perdón es una de las cosas que más nos ayudan para mejorar nuestra existencia"

"En cuarto, porque lo importante del lápiz no es la madera, sino el grafito que hay en ella. En el caso de las personas sucede lo mismo: el aspecto no es importante. Lo importante es lo que tenemos dentro".

"Y en quinto y último lugar, porque, al igual que los lápices, las personas dejamos siempre una marca allí por donde pasamos. Así que hay que ir con cuidado con lo que hacemos en cada momento".

"Sé un buen lápiz", le dijo el abuelo a su nieto.

"Gracias abuelo", le repuso el nieto.

sábado, 8 de febrero de 2014

Tazas llenas, aprendizaje vacío

Cuento inventado dieciocho


En la antigua China milenaria existía un bravo guerrero. Invicto, había combatido en las batallas más grandes y gloriosas. Se había forjado una leyenda.

Entre guerra y guerra, quiso visitar a un maestro en sabiduría, muy venerado por la profundidad de sus palabras y de sus silencios. Decidido, el guerrero quería aprender hasta el más mínimo detalle de su sabiduría, por si podía aplicarla en sus batallas.

El guerrero llegó a la cabaña del sabio. Solo y desarmado. Se lo encontró sentado, meditando al lado del fuego.

Empezó a explicarle al maestro sus muchas aventuras y los éxitos cosechados combate a combate, muerte a muerte. Le habló de los tesoros, de las victorias, de los saqueos, de las mutilaciones, de los reinos que había coquistado, del liderazgo que le infundía a sus soldados y de lo mucho que era capaz de dar órdenes.

Así, explicando sus glorias, el guerrero estuvo hablando un largo rato. Hasta que paró para pedir agua al maestro, porque tenía sed.

El maestro, que hasta entonces había estado callado, le entregó una taza vacía. Luego sacó una tetera que estaba calentándose al lado del fuego y se dispuso a servirle al guerrero.

Al principio, vertió un poco de té en la taza. Pero no se detuvo ahí, y se la llenó del todo. Y tampoco se detuvo. El maestro le llenó la taza al guerrero hasta que la taza se colmó. Y seguía sirviendo y sirviendo té.

El guerrero, que había empezado a hablar hacía un rato, volvió a pararse y a callar. Le dijo al maestro: "Maestro, ¿no os dáis cuenta de que estáis vertiendo el té fuera de la taza? ¿No véis que mi taza ya está llena y no cabe más té en ella?"

El maestro respondió: "exacto, señor guerrero. Usted vino con la taza llena a mi casa. ¿Cómo espera aprender alguna cosa de mí?. A menos que vacíe su taza, no se la puedo llenar con nada".

El guerrero se dio cuenta. Calló, se olvidó de quien era por un rato y, así, empezó a aprender de verdad.

miércoles, 5 de febrero de 2014

A tu ángel le llamarás 'mamá'

Cuento inventado diecisiete


A mi madre, que volvió a la presencia de Dios, no hace mucho.


Dice la leyenda que en el Limbo habitaba un niño que todavía no había nacido y que tenía la capacidad de hablar con Dios.

"Parece ser", le dijo a Dios, "que mañana me vas a enviar a la tierra, Señor"

"Así es", le dijo Dios.

"Pero, cómo voy a poder sobrevivir si soy tan pequeño y estoy tan indefenso", dijo el niño.

"Entre los muchos ángeles que tengo a mi cargo, he escogido a uno que te está esperando y que te va a cuidar", dijo Dios.

"De acuerdo, pero es que aquí en el cielo solo se canta y se ríe, y con eso yo soy muy feliz. Temo perder esa felicidad... Y, además, ¿cómo voy a entender lo que me diga la gente de la tierra, si no conozco la lengua en la que habla la gente?".

Dios le dijo: "Tu ángel te va a decir las palabras más dulces y tiernas que puedas escuchar. Y, con mucha paciencia y amor, te va a enseñar a hablar".

"Señor", dijo el niño, "¿cómo lo haré una vez en la tierra si quiero hablar contigo?".

"Tu ángel te juntará las manitas y te enseñará a rezar", dijo Dios.

"Pero siempre estaré triste porque no te podré ver más", dijo el niño.

"Tu ángel te hablará de mí y te enseñará el camino que tendrás que seguir para volver a mi presencia, a pesar de que yo siempre voy a estar a tu lado", dijo Dios.

"Señor", dijo el niño, "me han contado que en la tierra hay personas muy malvadas... ¿quién me defenderá de ellas, mientras yo no sea capaz por mi mismo?"...

"Tu ángel te defenderá, incluso al riesgo de perder su propia vida", dijo Dios.

En aquel momento se hizo una paz infinita en el cielo. Y el niño entendió que se estaba encarnando en la tierra. Así, con prisa, todavía le preguntó a Dios: "Señor, ya me estoy yendo, por favor dime el nombre de mi ángel, para que pueda llamarle tan pronto pueda hablar en la tierra. Será la primera palabra que voy a decir".

Y Dios le dijo: "a tu ángel, tú le llamarás 'mamá'".



sábado, 1 de febrero de 2014

Más sobre el dinero - el billete de 500 euros

Cuento inventado dieciséis


Un amigo llamó a su amiga para contarle que se sentía muy deprimido y agobiado. Necesitaba poder hablar con alguien de confianza e incluso llorar, si era necesario.

El amigo había recibido una bronca de su jefe y se sentía algo frustrado. Tambíen había sufrido reveses dolorosos en su salud y en sus relaciones afectivas. No se veía capaz de hacer nada.

Amigo y amiga se citaron en una cafetería para tomar algo, mientras hablaban.

El amigo le fue explicando sus problemas, uno por uno, a su amiga. Y también le dijo lo mal que se encontraba y lo poca cosa que se sentía.

La amiga metió la mano en su bolsillo. Sacó una billetera y de ésta sacó un billete de 500 euros, de esos que son tan poco frecuentes de ver.

Puso el billete encima de la mesa y le preguntó a su amigo: "Oye, ¿tú querrías este billete?"

El hombre respondió: "bueno, no entiendo a qué viene esto, pero, sí, claro que me gustaría tener un billete de 500 euros".

La mujer dobló el billete por la mitad. "Y ahora, ¿lo querrías también?".

El hombre respondió: "sí, claro. Es un billete de 500 euros. Doblado, pero sigue valiendo".

La mujer arrugó el billete de mala manera. "¿Y ahora?"

"Claro", dijo el hombre. "Es un billete arrugado, pero válido".

La mujer tiró el billete al suelo y lo pisoteó. Y luego, incluso, vertió algo del café que le quedaba en la taza encima del billete. "¿Y qué me dices ahora? ¿Lo sigues queriendo?".

El hombre respondió: "no entiendo por qué maltratas tanto ese billete. Pero, en fin: mientras el billete esté entero, puede estar doblado, arrugado, ensuciado o pisoteado... pero sigue teniendo valor, así que ¡claro que lo querría!".

"Pues muy bien: te lo doy", le dijo la mujer. "Y, escúchame: tú puedes compararte con el billete de 500 euros. Por doblado, dolido, deprimido, ensuciado, pisoteado o mal que te veas, tú sigues conservando todo tu valor".

El hombre entendió.

"Y ahora, quédate con mi billete y paga la cuenta. Me debes un billete de 500 euros nuevecito y limpio, para poder hacer este mismo truco con otros amigos, cuando lo necesiten", finalizó su amiga.

miércoles, 29 de enero de 2014

¿Por qué la gente grita?

Cuento inventado quince


Una maestra quiso explicar a sus alumnos de primaria lo que sucede cuando la gente se enfada.
Les preguntó: "niños, ¿por qué creéis que las personas se gritan?"

Un niño dijo: "Tal vez porque perdieron la calma". Otro señaló: "porque estaban enfadados y perdieron el control"...

"Bueno", dijo la maestra, "todo eso es correcto, pero si las dos personas están cerca la una de la otra, ¿por qué se gritan? ¿No podrían estar enfadados en voz baja?".

Los niños y niñas se quedaron mudos. No sabían qué responder.

La maestra les retomó la palabra y les explicó:

"Cuando dos personas se enfadan, sus corazones se alejan mucho el uno del otro. Y para compensar esa distancia, se ponen a gritar. Porque de otra manera no se escucharían. Cuanto más enfadados se encuentren, más tendrán que gritar para superar la gran distancia entre sus corazones".

Y entonces cambió de ejemplo:

"¿Y sabéis qué sucede cuando dos personas se enamoran? Pues que no se gritan. Más bien se hablan suavemente... ¿Sabéis por qué? Pues porque sus corazones están muy cerca el uno del otro. La distancia entre los dos es pequeña y el uno siempre está pendiente del otro, de manera que no hay necesidad de gritar. A veces, dos enamorados tienen suficiente con una mirada para decirse que se aman. No tienen que gritar, ni siquiera que hablar en voz baja... Así es el amor".

Los niños de aquel parvulario entendieron que no tenían que enfadarse, porque les era muy duro tener que gritar.

También entendieron que no debían pronunciar palabras que les distanciaran al uno del otro, porque, tal vez, llegaría un día en que la distancia podría hacerse tan grande que ya no habría modo de encontrar el camino a casa.

sábado, 25 de enero de 2014

El tiempo, piedras y belleza

Cuento inventado catorce


El maestro tenía a muchos alumnos a su cargo. Todos ellos buenos muchachos y muchachas. Jóvenes, llenos de energía e inquietos. Justo las virtudes que el maestro había perdido con los años. Pero los discípulos carecían de lo que al maestro le sobraba: sabiduría.

Les puso una prueba. Quería explicarles lo importante de aprovechar el tiempo de la vida, haciendo muchas cosas a la vez.

Ese día, en el aula, el maestro tomó un gran bote de cristal transparente y lo llenó de piedras del tamaño de puños. Les dijo: "Decidme: ¿el bote está lleno o está vacío?"

"Lleno", dijeron todos al unísono.

"Si está lleno", dijo el maestro, "es porque no cabe nada más, ¿verdad?".

"Sí", respondieron.

"Pues entonces no está lleno", dijo el sabio. Entonces tomó piedras del tamaño de gravilla y las metió dentro del bote, donde poco a poco fueron acomodándose entre las piedras del tamaño de puños.

"Y ahora, ¿está lleno?"

"Ahora sí, maestro", dijeron los discípulos.

"Pues tampoco está lleno", respondió el maestro, mientras tomaba un puñado de arena y, nuevamente, lo metía dentro del bote para rellenar los pequeños espacios que todavía se encontraban entre las piedras y la grava.

"Y ahora, ¿está lleno?"

"Ahora, seguro que sí, maestro", aseguraron los discípulos.

"¡Pues os equivocáis otra vez!", dijo el maestro, mientras vertía agua con una botella dentro del gran bote de cristal. El agua se coló por los microscópicos agujeros que quedaban entre la arena, la gravilla y la piedra.

"¿Y ahora?" preguntó.

"Ahora, maestro, parece que todo está lleno y que nada más va a caber ahí dentro", le dijo uno de los alumnos más aventajados.

El alumno le dijo: "maestro, creo que todos hemos entendido la moraleja de tu explicación: por mucho que parezca que estamos ocupados, siempre queda tiempo para algo más. Por mucho que nuestra agenda diaria parezca que va a explotar, siempre podemos dedicarnos a algo más. Porque el tiempo es algo flexible, que siempre puede dar de sí..."

El maestro respondió: "te felicito. Has entendido la moraleja de mi ejemplo. Pero permíteme que te sorprenda: el bote todavía no está lleno".

Los alumnos desconfiaron.

Y entonces, el maestro, salió al exterior. Tomó unos pétalos de rosa de un rosal cercano, y volvió al interior del aula. Puso los pétalos encima del bote. Ligeros como eran, éstos pétalos de rosas flotaban en el agua que casi rezumaba el tarro.

"¿Véis? Incluso con el bote lleno de piedras, grava, arena y agua, siempre queda espacio para un pétalo. Así que, con vuestra agenda cargada de trabajos de todo tipo, siempre os quedará algo de tiempo para contemplar la belleza".

Ese día los alumnos lo entendieron todo.


miércoles, 22 de enero de 2014

No te dejes lo importante

Cuento inventado trece


En una tierra lejana se explica, todavía hoy, la leyenda de una pobre mujer que andaba famélica con un bebé entre sus brazos. Sobrevivía cómo podía con los pocos alimentos que le daban los viajantes en los caminos y con el agua de los arroyos y riachuelos.

Una noche de cruda tormenta, decidió resguardarse en una cueva que había localizado días antes. Allí encendió un fuego, se sentó y esperó a que el temporal amainara. Mientras tanto, amamantó al pobre bebé y le dio calor.

Al rato, una voz misteriosa y rotunda se pudo escuchar desde lo más profundo de la caverna. Le dijo: "ven, entra aquí y sáciate de todo lo que quieras".

La mujer, asustada y sorprendida, preguntó al aire: "¿quién eres?".

La voz respondió: "soy el espíritu que mora en la cueva. Esta cueva ha servido de refuigio a miles de hombres y mujeres desde el principio de los tiempos. También a ladrones y personas de oscuras intenciones. Muchos han dejado sus fortunas y tesoros aquí".

Continuó la voz: "entra, toma todo cuanto quieras. Pero no te olvides de lo más importante".

La mujer, más por curiosidad que por otra cosa, decidió adentrarse en la cueva. Tomó una antorcha en una mano, y a su bebé en la otra.

La voz volvió a retumbar: "no te olvides de lo más importante".

Al rato de andar encontró, efectivamente, una cámara con muchos tesoros: oro, perlas, diamantes, cosas todas ellas de gran valor. La mujer dejó al niño y tomó todo cuanto pudo. Tuvo que emplear las faldas de su vestido para poder acarrear.

La voz le dijo: "tienes solo dos minutos para recoger lo que quieras. A partir de ese momento, las puertas de la cueva se cerrarán para siempre jamás. Y no te olvides de tomar lo más importante".

La mujer, asustada por las prisas, salió como pudo, con una mano cerrando la improvisada bolsa que había fabricado con su faldón y con la antorcha en la otra mano. Las puertas se cerraron, finalmente, tras ella.

La mujer salió rica de allí. Pero se había olvidado de recoger lo más importante: su bebé.

Las riquezas se esfumaron al poco tiempo. La desolación de la mujer duró toda la vida.

Moraleja: Las cosas materiales se esfuman. La pena por no haber dedicado tiempo a lo importante dura para siempre.

sábado, 18 de enero de 2014

¡Silencio!

Cuento inventado doce


Creo que la mitad de mis males se deben a no decir, o a no hacer, las cosas que debería de decir o de hacer, cuando es preciso. La otra mitad, la que hoy me interesa, la atribuyo a la falta de silencio en mi vida. Aquí explico un cuento al uso.

Érase una vez una persona que huía del silencio como el gato huye del perro y el ratón del gato.

Por la mañana, cuando despertaba, conectaba la radio para saber las noticias.
Luego, cuando iba al trabajo, no paraba de hablar por teléfono.
A la vuelta, enchufaba el televisor y se quedaba viéndolo hasta que quedaba dormido. Y así día tras día.

Un día esta persona se empezó a encontrar mal. No sabía cuál era la causa de su dolor y visitó a diversos médicos para que le recetaran algo que le ayudara a curarse y sentirse mejor.

No encontró remedio en medicinas o tratamientos.

Hasta que un día encontró a un sabio, tal vez la persona más sabia de todo el país. Y le dijo que lo mejor para curarse era encontrar la paz.

El hombre, un poco decepcionado, dijo que no sabía dónde encontrar la paz. Empezó por ir al mercado, a comprarla en una tienda. Pero no halló ninguna tienda especializada.


Luego, miró en Internet y en televisión, buscando cómo conseguir la paz. No tuvo éxito.

También preguntó a sus amistades, y no resolvió su problema.

Finalmente, un día cayeron casualmente en sus manos unas palabras de una persona santa, llamada Teresa, que vivió en Calcuta, y que había hecho mucho bien a miles de personas.

Esas palabras decían:  
"El fruto del silencio, es la oración. 
El fruto de la oración, es la fe. 
El fruto de la fe, es el amor. 
El fruto del amor es el servicio. 
El fruto del servicio, es la paz".

El hombre dijo "por fin alguien me dice cómo conseguir la paz".

Así que un día se decidió a probar el silencio: por una vez en su vida, se retiró de todas sus distracciones e incluso de si mismo durante un rato. No tuvo que ir muy lejos, ni vivir complicadas experiencias. Sólo tuvo que encontrar un lugar y un momento preciso.

Aquel día descubrió muchas cosas.

La primera es que el silencio es al corazón de las personas, lo que la música a los oídos y el vino al paladar: alegra, pone a tono, hace cosquillas...

Del silencio, el hombre obtuvo la ilusión, la esperanza y la comprensión. Consiguió rebajar sus malos sentimientos y su malestar. Amplió lo que le hacía sentirse común con los demás.

Mediante el silencio, el hombre se hermanó con otros seres humanos.

Finalmente, el hombre halló a la divinidad, en ese silencio. Dios le esperaba allí. Entendió, al cabo de los años que, como Dios no tiene otra forma más directa de hablar con el hombre, siempre espera a que el hombre se calle y escuche.

El hombre oyó a Dios y obtuvo grandes recompensas.

Fin.

El silencio da paz, pero la tentación de no dejar hablar a los demás es muy grande... Hay tantas cosas que reclaman nuestra atención... pero, a la vez, hay tan pocas que de verdad valen la pena...!

Del silencio, como del nadar, uno aprende tirándose de cabeza. Así que ¡¡ssssssshhhhhhhh!!, un poco de silencio nos dará paz.

miércoles, 15 de enero de 2014

El cielo y el infierno separados por bastones

Cuento inventado once.


Aunque no está inventado por mí, alguien lo inventó. Y yo me invento cómo lo cuento hoy.
Así pues, es un cuento inventado.

Érase una vez un. ser humano que quiso saber la diferencia entre el cielo y el infierno.

Lo deseó tanto que, finalmente, un ángel se decidió a bajar a la tierra y llevarle de visita a los dos lugares, empezando por el infierno.

El humano observó en el infierno una gran mesa. Llena estaba de manjares y de lujos. No faltaba de nada. Sin duda aquella mesa era capaz de alimentar a millares de almas.

Sin embargo la gente que estaba pululando el lugar, alrededor de la mesa, estaba muy delgada. Parecían todos muy hambrientos. Miserablemente hambrientos, a pesar de la cantidad de alimento disponible.

Al ser humano le sorpendió que todas esas almas en pena llevaran atadas un bastón en cada brazo, de manera que nadie podía emplear las manos y todo lo que las almas querían tomar, lo debían de tomar con los bastones. Igual que los palillos xinos, pero al por mayor.

Sorprendido por la abundancia de comidas y la pobreza de los comensales, el ser humano fue acompañado por el ángel al cielo.

Allí esperaba encontrarse algo diferente. Pero no fue así. En el cielo se encontraba la misma mesa de manjares lujosos que en el averno.

Los invitados a la mesa también tenían largos bastones atados en los brazos, que les impedían emplear las manos.

Sin embargo todos los comensales estaban bien alimentados. Tenían cara de amplia felicidad y contaban todos con un aspecto inmejorable.

Finalmente el hombre fue devuelto a la tierra.

Cuando el ángel volvía hacia el cielo, el ser humano lo interpeló: "por favor, respóndeme. Si el cielo y el infierno se parecen tanto, ¿en qué se diferencian?

El ángel respondió: "Cierto es que en ambos lugares existe la misma mesa y las personas tienen atados sus brazos a los bastones. Pero mientras que en el infierno todos pasan hambre, penurias y sufrimientos, en el cielo todo es gozo y alegría".

El ser humano dijo: "Ya me he dado cuenta de esto, pero... ¿qué explicación de fondo tiene todo esto?"

El ángel respondió: "La verdad es que en el infierno nadie es castigado. Sólo damos lujos y cosas buenas, y la gente sigue siendo libre para elegir lo que quiere...

Pero como todos son egoístas y solo quieren satisfacer sus propias necesidades, nunca piensan en los demás. Y así, todos quieren tomar su propio alimento con sus brazos y palos. Pero nunca consiguen ponérselo en la boca, porque les es imposible: los bastones se lo impiden.

En cambio, en el cielo todos tienen los mismos lujos. Pero como la gente elige ser generosa y servicial, los unos se dan de comer a los otros y nunca falta de nada a ninguno. Por eso están todos tan sanos y bien alimentados: porque unos se preocupan de servir a los demás.

¿Lo entiendes ahora, verdad?"

Desde ese instante, aquel ser humano se desvivió por los demás, en la esperanza de ser invitado a una mesa de riqueza infinita que solo tenía sentido si se compartía con los demás.

sábado, 11 de enero de 2014

Más cuestión de tiempo


Cuento inventado diez


No es un cuento. Más bien otra reflexión que se puede contar como un cuento, a propósito del tiempo y de la sabiduría.

Es así:

Se dice que más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Se entiende comunmente que el tiempo trae la sabiduria.

Se cree que la gente se vuelve sabia con el tiempo.

Pero una vez me encontré con un sabio de verdad.

Me dijo que el tiempo, por sí solo, no trae la madurez.

"El tiempo y las cosas que nos pasan", dijo el sabio, "son los que nos vuelven más sabios".

Así que el tiempo solo no vale para nada, si no nos pasan cosas, si no vivimos la vida.

Y las cosas que nos pasan no nos sirven de nada, si no las dejamos madurar en la barrica del tiempo.

Hay gente joven muy sabia y gente vieja muy ignorante.

Hay vivencias muy intensas que no implican sabiduría y vidas muy rutinarias repletas de la erudición.

Hay que vivir la vida, y dejar pasar el tiempo, si queremos ser sabios.

miércoles, 8 de enero de 2014

Cuestión de tiempo

Cuento inventado nueve


Tic-tac, tic-tac, tic-tac... Han pasado tres segundos más. Y no los puedo guardar...

Trato de agarrarlos con las manos, así, ¿ves? Tic-tac, tic-tac, tic-tac...

No puedo de ningún modo: se me van todos de las manos. Tic-tac, tic-tac, tic-tac... Se me escapan.

Ya ves. El tiempo pasa y no lo puedo recuperar.

Y la vida pasa con el tiempo. Mis días son los "tic" y mis noches son los "tac".

Con la facilidad de quien dice "te amo", me acaban de pasar otro día y otra noche, que ya no volveré a vivir.

¿Puede alguien cerrar el grifo?

¿Es que no puedo ni contemplar el tiempo que vivo y que es mío?

Un día me voy a enfadar, y ya veréis...Tic-tac, tic-tac, tic-tac...

¿Sabes qué? Creo que es muy mala suerte tener que gastar tiempo hagamos lo que hagamos. La gente, para cualquier cosa, NECESITAMOS tiempo.

Si pienso, el tiempo pasa.
Si olvido, el tiempo pasa.
Tic-tac, tic-tac, tic-tac...
Si hablo, trabajo o descanso, el tiempo pasa.
Y no puedo recuperar el tiempo.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac...

¿Sabes qué mas? Me pasa por la cabeza no hacer nada.

¡CLARO!
Si haciendo cosas pasa el tiempo, no haciéndolas no debe de pasar el tiempo. ¿Verdad?

Pues eso. No voy a hacer nada...
Tic-tac, tic-tac, tic-tac...

¿Todavía pasa el tiempo? Y más rápido... ¡¡¡Pero si no estoy haciendo nada!!!

No puedo librarme del tiempo. Siempre pasa. A pesar de no hacer nada. 

Me puse a llorar de rabia. Y ni con esas...
Nadie me devuelve el tiempo perdido.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac...

¡¡¿QUERÉIS HACER EL FAVOR DE PARAR EL TIEMPO?!!  

Ya está: la culpa la tiene el reloj.

¡Crunch!, ¡bang!, ¡plof! 

Me he cargado el reloj. Lo he pisado hasta romperlo y seguro que he conseguido parar el tiempo.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac...

¿Y ahora, de dónde sale este tic-tac?

¿Sale de mi interior?

¡No puede ser! ¡Eso es un disparate!

¡¡¿ES QUE VOY A TENER QUE PISARME A MÍ MISMO?!!

Riiiing, riiing!  Riiiing, riiing! (el teléfono)

¿Quién es?

Tic-tac, tic-tac, tic-tac...

¡Ah! ¡Muy bien! Muy feliz de oirte... mmmm.... Ya veo... Bueno, pues no hay nada que agradecer. Solo fue cosa de diez minutos... 

¿Cómo? ¿Que a tí te representaron cuatro horas?

Bueno, pues, de verdad, de nada... Ya nos vemos pronto. 

Un saludo.

Era mi amigo Pablo. Dice que el otro día, cuando le llevé en mi coche al aeropuerto, le facilité mucho la tarea y que le permití ganar un tiempo muy valioso.

Pablo es médico y dice que ese día pudo atender a cinco enfermos que necesitaban su ayuda aquella tarde.

Cuatro horas, divididas entre las cinco personas sonnn... 48 minutos por persona... ¡¡CUARENTA Y OCHO MINUTOS!!

O sea, que mis DIEZ minutos de ayuda a Pablo le hicieron ganar 48 minutos a cuatro personas...

Tiiiiiiic-taaaaac, tiiiiiiic-taaaaaac, tiiiiiiiiiiiic-taaaaaaaaac...

¿Oyes? El tiempo se detiene.

El tiempo alcanza para más cosas... El tiempo se multiplica...

¿¿¿¿EL TIEMPO SE MULTIPLICA CUANDO SE LO DAS A LOS DEMÁS????


¡La respuesta es SÍ!